Ya comenté en más de una ocasión, que cuando era pequeña nunca sentí devoción especial por las muñecas ni peluches.
Yo era feliz montando puzzles, o jugando a juegos de mesa con mis padres y mi hermana. Prefería seguir instrucciones a imaginar. El juego simbólico nunca fue uno de mis fuertes y de hecho sigue sin serlo.
Estoy mucho más cómoda cuando me dan directrices para hacer algo que cuando tengo que tomar yo las riendas del asunto. Por ejemplo: me encanta cocinar, seguir recetas. Me encanta hacer amigurumis, seguir patrones para crear los muñequitos. Me encanta ver tutoriales de manualidades y después ponerlos en práctica. Sin embargo, crear cosas por mi misma me cuesta un montón.
El juego, del tipo que sea, siempre es beneficioso para el desarrollo global de los niños, si además obtenemos beneficios mientras se lo pasan bien, mejor que mejor.
Y los juegos de mesa están cargaditos de ellos. Continuar leyendo «La liebre y la tortuga. DEVIR»



